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Carmen Avilés: el lenguaje propio de una bailaora 

“El flamenco es mi forma de vivir”. En la gran mayoría de ocasiones, los bailarines son un aspecto secundario en una puesta en escena, son el complemento de un cantante. Carmen Avilés cambió las reglas del juego, y lo hizo mejor: el baile como protagonista junto a artistas emergentes, creando todo un universo en torno al movimiento que germina en Carmela, su nuevo disco colaborativo junto a Alejandro Estola, Ángeles Toledano y varios cantantes más.

El enfoque del flamenco, llevado a un universo contemporáneo y urbano, ha hecho de Avilés una artista que rompe estereotipos de ambos mundos, creando una estética visual y sonora única, en la que su baile convierte sus canciones en toda una experiencia.

Desde su niñez en Murcia, el baile ya transitaba por las venas de Carmen, pues su madre también es bailaora, una artista que, de forma autónoma, aprendió a dominar su cuerpo para bailar flamenco con gran destreza. Con el paso de los años, empezó a dar cursos, espacios en los que creció Carmen y donde no solo dio sus primeros pasos, sino que también descubrió que quería dedicarse al baile: “Mi niñez estaba entre la escuela de mi madre y jugar fútbol con mi padre. Al final, mi corazón se terminó inclinando por el flamenco”.

Más adelante, en Granada, estudió danza y finalmente llegó a Madrid, donde hizo parte del cuerpo de baile de Joaquín Cortés: “una experiencia mágica”, recuerda.

“La experiencia de dedicarse al baile profesionalmente es bastante dura. En el mundo del flamenco hay personas con muchísimo talento y yo, al venir de Murcia, siento que llegué un poco tarde a la industria; me costó un poco poder entrar. Uno, como artista, debe tener muy claro a qué se quiere dedicar, porque no es un camino fácil”, confiesa.

Dentro del ámbito artístico, las odiosas comparaciones juegan en contra del arte y de la persona misma. Por eso, encontrar la calma y dejar de lado esas comparaciones ha sido uno de los mayores retos para Carmen —y seguramente para muchos artistas—. “Nunca hay que compararse. Eso lo he aprendido con el tiempo. En este momento de mi vida he entendido que tengo mi propio estilo, que así me siento cómoda y que cada bailaora tiene su propia forma de bailar. Es más importante divertirse que exigirse dentro del baile”.

Durante sus años de carrera como bailaora, resalta que uno de sus mayores aprendizajes ha sido no exigirse tanto y creer más en sí misma: “Los únicos que creían en mí eran mis padres. A mí me ha costado, primero por no haber nacido en una gran ciudad… Al final, estar más relajada es importante porque te ayuda a disfrutar lo que haces —siempre con una base de conocimiento y respeto—. Lo más importante es fluir creando”.

¿Qué es lo que te hace única? “Siento que soy como una esponja y trabajo mucho desde la imitación. Al imitar a tantos maestros que he tenido, se ha forjado un estilo único en mí, en el que convergen todos esos aprendizajes”.

Y no son solo esos aprendizajes los que convergen en el baile de Carmen Avilés, sino también dos universos que son el eje central de su nuevo álbum y espectáculo: lo urbano y el flamenco. “Son dos universos que han estado presentes en mí desde pequeña. He estado influenciada por flamenco, rock, electrónica, rap… En mi pueblo no había músicos con los que pudiera bailar y practicar, así que empecé a improvisar con todo tipo de música”. De ahí nace el concepto creativo de sus nuevos proyectos.

Junto a su pareja —compositor y músico—, se creó inicialmente la música para el espectáculo en vivo de Carmen, un show que no es flamenco puro, pero gira alrededor del género en esa mezcla de universos de la que hemos hablado. De ahí nació Carmela, el nuevo disco de Avilés.

“Al inicio, con Alejandro —su pareja—, teníamos sentimientos encontrados sobre quiénes debían interpretar las canciones del disco. Él quería artistas ya consolidados y yo, artistas emergentes. Al final ganó mi idea y cada canción, de forma natural, fue encontrando a sus intérpretes”, cuenta sobre el proceso de Carmela, donde su baile se complementa con las voces de nuevos y jóvenes artistas españoles.

Durante los videoclips de esta producción, el paisaje cambia mientras una gran caja —en la que baila Carmen— se mantiene. Una decisión artística que, en su desarrollo, la ha llevado a arrepentirse un poco: “Quería cambiar el concepto de los bailaores de poner una tablita en cualquier lugar y zapatear. Así nació la idea de crear esta plataforma, este cubo —una idea que ojalá no se me hubiera ocurrido [risas]—, porque es muy pesado y complicado de transportar”.

Dentro de algunos años, uno de los sueños de Avilés es llevar el flamenco a los grandes festivales del mundo, que el público salte, cante y baile con las bailaoras y con este flamenco urbano que representa.

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