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El papa León XIV pone a la inteligencia artificial en el centro del debate moral

Este lunes 25 de mayo, el papa León XIV hizo pública su primera encíclica como Sumo Pontífice, titulada Magnifica Humanitas. El documento está centrado principalmente en la inteligencia artificial y en cómo esta, junto a otras nuevas tecnologías, puede eclipsar la dignidad humana. por medio de sus redes sociales, el Pontífice aseguró que todos tenemos el “deber urgente de permanecer profundamente humanos, custodiando con amor esa magnífica humanidad que se nos ha dado y revelado en plenitud en Cristo, y que ninguna máquina podrá jamás sustituir en su esplendor”. 

En el documento de 110 páginas, el papa estadounidense advirtió que la inteligencia artificial “no puede considerarse moralmente neutra” y pidió “desarmarla” para “evitar que domine al ser humano”, en lo que muchos interpretaron como una crítica a que estas herramientas estén al servicio de los intereses de quienes las crean y controlan. “La palabra es fuerte, lo sé, pero ha sido elegida deliberadamente porque este momento exige palabras capaces de captar la atención”, señaló el Pontífice. 

Uno de los puntos más fuertes de Magnifica Humanitas gira alrededor de la concentración del poder tecnológico en manos de unas pocas empresas privadas. Según el Pontífice, algoritmos, plataformas digitales, infraestructuras y datos terminan definiendo “condiciones de acceso, reglas de visibilidad, formas de relación e incluso oportunidades económicas”, algo que, a su juicio, amenaza la transparencia y el control público.

En ese sentido, León XIV insistió en que no basta con hablar de ética de manera abstracta, sino que se necesitan “marcos jurídicos sólidos”, supervisión independiente y usuarios informados. “Una IA más moral no es suficiente si esa moralidad es determinada por unos pocos”, señaló el Papa, quien también advirtió sobre el crecimiento de las desigualdades económicas en medio del auge tecnológico.

El documento también dedica varios apartados a los efectos de estas herramientas sobre menores y trabajadores. Sobre los jóvenes, alertó sobre fenómenos de manipulación, explotación y chantaje potenciados por perfiles falsos, algoritmos y sistemas capaces de alterar imágenes y videos. Frente a ello, pidió mayores controles y responsabilidad por parte de las plataformas digitales.

Respecto al trabajo, el Pontífice sostuvo que algunos enfoques tecnológicos actuales podrían “desespecializar” a los empleados, someterlos a vigilancia automatizada y relegarlos a tareas repetitivas. Por ello, pidió que cualquier proceso de automatización esté acompañado por medidas reales de protección laboral y programas de recualificación profesional.

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Otro de los apartados más comentados de la encíclica fue el relacionado con la guerra y el uso militar de la inteligencia artificial. León XIV aseguró que no es “moralmente permisible” delegar decisiones letales a sistemas automatizados y llamó a superar la teoría de la “guerra justa”, promoviendo en cambio el diálogo y el multilateralismo.

La publicación de Magnifica Humanitas también ha llamado la atención porque varios analistas la consideran una actualización moderna de Rerum Novarum, la histórica encíclica publicada por León XIII en 1891 como respuesta a los efectos de la Revolución Industrial. De hecho, León XIV firmó el documento exactamente 135 años después de aquel texto, estableciendo un paralelismo entre los desafíos industriales del siglo XIX y el impacto actual de la inteligencia artificial.

En el último capítulo de la encíclica, en un apartado titulado “Todos podemos dar nuestro aporte”, León XIV también sorprendió al recurrir a la literatura fantástica para reflexionar sobre la responsabilidad humana frente a la inteligencia artificial. Allí citó al escritor británico J. R. R. Tolkien y, específicamente, una frase pronunciada por Gandalf en El señor de los anillos: El retorno del rey.

“Un escritor católico del siglo XX, John Ronald Reuel Tolkien, por boca de uno de los protagonistas de una de sus novelas, describió así nuestra responsabilidad: ‘No nos atañe a nosotros dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos por el bien de los días que nos ha tocado vivir, extirpando el mal en los campos que conocemos, y dejando a los que vendrán después una tierra limpia para la labranza’”, escribió el Pontífice en el párrafo 213 del documento.

Otro de los acontecimientos que llamó la atención fue que el papa León optó por presentar él mismo la encíclica en el Vaticano, acompañado por expertos en IA, entre ellos Christopher Olah, cofundador de Anthropic. Olah, canadiense de 33 años, es reconocido por su trabajo para comprender el funcionamiento interno de los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés), sistemas que sirven de base para herramientas como ChatGPT, Gemini, Claude, Copilot, Grok o DeepSeek.

Tras el evento, Olah advirtió que incluso quienes desarrollan estas tecnologías siguen encontrando comportamientos difíciles de interpretar. “Seguimos encontrando cosas misteriosas, incluso inquietantes. Detectamos estructuras que reflejan los hallazgos de la neurociencia humana. Encontramos evidencia de introspección. No sé qué significa eso, pero creo que requiere un discernimiento constante”, afirmó.

Ese nivel de incertidumbre, sumado al rápido avance de la inteligencia artificial y a su concentración en pocas compañías privadas, es precisamente uno de los temas que León XIV busca poner sobre la mesa con su primera encíclica, planteando que el futuro de estas herramientas no puede ser decidido únicamente por líderes tecnológicos o intereses empresariales.

Así, el papa acierta en hacer un llamado activo y directo no solo a quienes controlan estas tecnologías, sino también a los ciudadanos y personas del común. Más allá de advertir sobre los riesgos de la inteligencia artificial, León XIV plantea que el debate alrededor de estas herramientas no puede limitarse a laboratorios, gobiernos o gigantes tecnológicos, sino que debe involucrar a toda la sociedad.

Con Magnifica Humanitas, el Pontífice no se posiciona en contra del avance tecnológico, sino que invita a reflexionar sobre el tipo de humanidad que se quiere preservar en medio de una era cada vez más automatizada. En un momento en el que la IA avanza más rápido que las regulaciones y las discusiones éticas, la encíclica aparece como un intento de devolver al centro de la conversación conceptos como dignidad, responsabilidad y bien común.

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