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Presidentes en crisis

La figura del presidente de Estados Unidos ha sido una de las más exploradas por el cine, no desde la solemnidad, sino desde las grietas. Más que líderes firmes, estas películas nos muestran a unos hombres rodeados de presión, errores y contradicciones, donde cada decisión tiene un costo político, personal o histórico. Aquí no hay mitos intactos. Hay poder en crisis, narrado desde distintos ángulos, entre la sátira, el drama y la reconstrucción histórica.

15. Jefferson in Paris (1995) Dir. James Ivory

Nick Nolte interpreta a Thomas Jefferson durante su etapa como embajador en Francia, antes de convertirse en presidente, en un momento donde su vida personal y sus ideas políticas empiezan a tensionarse. La película se centra en su relación con Sally Hemings (Thandiwe Newton) y en el contexto de la Revolución Francesa, mostrando a un hombre que defiende ideales de libertad mientras su propia vida revela contradicciones profundas. Más que un retrato político directo, funciona como una mirada al origen de esas tensiones que marcarían su figura pública. La cinta de Ivory expone cómo los principios sobre los que se construye el poder estadounidense nacen atravesados por conflictos éticos difíciles de resolver.

14. Southside With You (2016) Dir. Richard Tanne

La película sigue la primera cita entre Barack Obama y Michelle Robinson en el Chicago de los años 80, cuando él aún no es más que un joven con ambición y discurso, y ella alguien mucho más estructurada y escéptica. Parker Sawyers construye a un Obama carismático, insistente, todavía definiéndose, mientras Tika Sumpter da a Michelle una presencia firme, inteligente y poco dispuesta a dejarse impresionar. A lo largo del día, entre conversaciones sobre política, identidad y futuro, se empieza a dibujar no solo una relación, sino una forma de entender el mundo. Southside With You nos muestra al presidente antes de asumir el poder, cuando todo todavía es posibilidad, carácter y construcción personal.

13. Dick (1999) Dir. Andrew Fleming/Elvis & Nixon (2016) Dir. Liza Johnson

La película reimagina el escándalo Watergate desde un ángulo absurdo. Dos adolescentes, interpretadas por Kirsten Dunst y Michelle Williams, terminan involucradas por accidente en el entramado político que derriba a Richard Nixon. Dan Hedaya compone a un presidente paranoico, desbordado por sus propios secretos, incapaz de contener el caos que lo rodea. A través del humor, la historia convierte uno de los episodios más graves de la política estadounidense en una cadena de errores casi ridículos. Funciona porque, detrás de la comedia, deja ver algo claro: el poder puede venirse abajo no solo por grandes conspiraciones, sino por fallas humanas imposibles de controlar. 

Como pieza de compañía, Elvis & Nixon recrea el insólito encuentro entre Elvis Presley y Richard Nixon en la Casa Blanca en 1970. Michael Shannon interpreta a Elvis como una figura excéntrica, obsesiva y desconectada, mientras Kevin Spacey construye a un Nixon rígido, incómodo y atrapado en su propio rol institucional. El contraste entre ambos genera una dinámica extraña, casi absurda, donde dos símbolos de poder (uno político, otro cultural) no terminan de entenderse. Más allá de la anécdota, la película funciona como un retrato del aislamiento en la cima, con dos hombres rodeados de influencia, pero completamente desconectados de la realidad que los rodea.

12. Michael Moore in TrumpLand (2016) Dir. Michael Moore

Filmado como un monólogo en vivo, la película muestra a Michael Moore frente a un público diverso, analizando la figura de Donald Trump en plena campaña presidencial. Moore mezcla humor, crítica política y observación directa para construir un retrato donde Trump aparece tanto como candidato como síntoma de un malestar más amplio. No hay recreación ni actores interpretando al poder. El escenario es el presente inmediato, con un público que reacciona en tiempo real. Es relevante porque captura el momento previo al quiebre, cuando la política tradicional ya no logra contener el clima social que está a punto de transformarlo todo.

11. W. (2008) Dir. Oliver Stone

Oliver Stone construye un retrato de George W. Bush centrado en sus contradicciones personales más que en la figura institucional. Josh Brolin lo interpreta como un hombre que oscila entre la seguridad que proyecta y las dudas que arrastra, especialmente frente a la figura de su padre, interpretado por James Cromwell. La película recorre su camino hasta la presidencia y se detiene en decisiones clave como la invasión a Irak, mostrando reuniones, tensiones internas y un entorno político donde figuras como Dick Cheney (Richard Dreyfuss) influyen de forma decisiva. Funciona porque no presenta a Bush como un estratega claro, sino como alguien que ocupa el poder sin dominar completamente sus implicaciones.

10. John Adams (2008) Dir. Tom Hooper

Paul Giamatti interpreta al segundo presidente de los Estados Unidos como un hombre brillante pero difícil, impulsivo y muchas veces incapaz de suavizar sus posiciones en un entorno que exige diplomacia constante. La miniserie de 7 episodios sigue su paso por la fundación de Estados Unidos y su llegada a la presidencia, mostrando negociaciones tensas, conflictos internacionales y decisiones sin margen claro. Laura Linney, como Abigail Adams, aporta equilibrio y una mirada política aguda, convirtiéndose en una figura clave en lo personal y lo estratégico. John Adams muestra el nacimiento del poder presidencial no como símbolo sólido, sino como un experimento lleno de fricción, donde cada decisión ayuda a definir qué significa realmente gobernar.

9. Nixon (1995) Dir. Oliver Stone

Anthony Hopkins construye a Richard Nixon como una figura compleja, marcada por una mezcla de ambición, resentimiento y necesidad constante de reconocimiento. La película no se limita al escándalo Watergate, sino que recorre su vida para entender cómo llega a ese punto, conectando su historia personal con sus decisiones políticas. Joan Allen, como Pat Nixon, aporta una dimensión íntima que revela el desgaste dentro del entorno familiar. Stone presenta a un presidente brillante en lo estratégico, pero incapaz de manejar sus propios impulsos, mostrando cómo el poder termina amplificando sus debilidades en lugar de contenerlas.

8. Frost/Nixon (2008) Dir. Ron Howard

La película se centra en la serie de entrevistas televisivas entre el periodista David Frost y Richard Nixon, años después de su renuncia. Frank Langella interpreta a un Nixon que intenta recuperar control sobre su imagen pública, combinando seguridad calculada con momentos donde se filtra el desgaste. Michael Sheen, como Frost, arranca como una figura mediática ligera, pero poco a poco se transforma en un entrevistador decidido a obtener respuestas reales. El enfrentamiento se construye desde la palabra con pausas, evasivas y golpes directos. Una cinta clave porque muestra al poder cuando ya no puede imponer su versión, obligado a enfrentarse a sus propios actos frente a una audiencia.

7. JFK (1991) Dir. Oliver Stone

Kevin Costner interpreta al fiscal Jim Garrison, quien decide investigar el asesinato de John F. Kennedy convencido de que la versión oficial no es suficiente. La película sigue su obsesión a medida que conecta piezas sueltas: testigos contradictorios, documentos, intereses políticos. El elenco, con Gary Oldman como Lee Harvey Oswald, así como Joe Pesci y Donald Sutherland en roles clave, construye un entramado donde cada personaje parece esconder algo. Stone mezcla material real con reconstrucción dramática, generando una sensación constante de incertidumbre. Stone desplaza el foco del presidente al sistema, sugiriendo que el poder puede operar en capas maquiavélicas que nunca llegan a verse del todo.

6. Vice (2018) Dir. Adam McKay

Christian Bale interpreta a Dick Cheney como una figura opaca y metódica, alguien que entiende el poder no como exposición, sino como control silencioso desde dentro del sistema. La cinta sigue su ascenso político hasta convertirse en vicepresidente durante la administración de George W. Bush, mostrando cómo logra acumular influencia real en decisiones clave, especialmente en política exterior. Amy Adams, como Lynne Cheney, aporta una presencia firme que refuerza esa ambición compartida, mientras Steve Carell construye a Donald Rumsfeld como mentor cínico. Vice plantea una idea clara: El poder presidencial no siempre está en quien ocupa el cargo, sino en quienes saben cómo manejarlo desde las sombras.

5. Lincoln (2012) Dir. Steven Spielberg

Daniel Day-Lewis interpreta a Abraham Lincoln desde un lugar racional y estratégico, lejos del héroe solemne. La película se centra en el tramo final de la Guerra Civil y en su esfuerzo por aprobar la 13ª Enmienda que aboliría la esclavitud. Sally Field, como Mary Todd Lincoln, aporta tensión emocional desde lo doméstico, mientras Tommy Lee Jones encarna a Thaddeus Stevens con una mezcla de firmeza ideológica y cálculo político. El conflicto no está en el campo de batalla, sino en los pasillos del Congreso, en negociaciones, presiones y acuerdos. La cinta de Spielberg muestra al presidente como un operador político, alguien que entiende que cambiar la historia exige maniobrar, convencer y, a veces, ceder.

4. Fahrenheit 9/11 (2004) Dir. Michael Moore

Michael Moore construye un retrato frontal e incendiario de la presidencia de George W. Bush tras los atentados del 11 de septiembre, combinando imágenes de archivo, entrevistas y un montaje diseñado para confrontar directamente al espectador. La película sigue las decisiones de la administración, especialmente en relación con la guerra en Irak, y plantea conexiones entre poder político, intereses económicos y manejo mediático. Bush aparece más como una figura distante que como un líder activo, lo que refuerza la sensación de desconexión frente a las consecuencias de sus acciones. El documental convierte el cine en herramienta de intervención política directa, sin matices ni distancia, apuntando a cuestionar el ejercicio del poder en tiempo real.

3. The Apprentice (2024) Dir. Ali Abbasi

La cinta se centra en los años formativos de Donald Trump en el mundo inmobiliario de Nueva York, mucho antes de su llegada a la presidencia. Sebastian Stan construye a un Trump en proceso, todavía moldeable, mientras Jeremy Strong interpreta a Roy Cohn, el abogado que lo introduce en una lógica de poder basada en la agresividad, la manipulación y la ausencia de límites éticos. La relación entre ambos es el núcleo del relato de mentor y aprendiz en un entorno donde la imagen vale más que la verdad. Más que un retrato biográfico, funciona como un origen del método, mostrando cómo se construye una forma de ejercer el poder que luego escalará al terreno político.

2. All The President’s Men (1976) Dir. Alan J. Pakula

Robert Redford y Dustin Hoffman interpretan a los periodistas Bob Woodward y Carl Bernstein, quienes comienzan a investigar lo que parecía un robo menor en el complejo Watergate y terminan destapando uno de los mayores escándalos políticos en la historia de Estados Unidos. La película sigue de cerca su proceso con las llamadas telefónicas, las fuentes anónimas (“garganta profunda”), la verificación constante y la presión editorial encarnada por Jason Robards como Ben Bradlee. Nixon nunca aparece como protagonista directo, pero su presencia se siente en cada descubrimiento. Es fundamental porque muestra cómo el poder puede ser expuesto desde fuera, no por grandes gestos, sino por insistencia, método y la acumulación paciente de evidencia.

1. Thirteen Days (2000) Dir. Roger Donaldson

Una reconstrucción de la crisis de los misiles en Cuba desde el interior de la Casa Blanca, siguiendo trece días en los que Estados Unidos y la Unión Soviética estuvieron al borde de una guerra nuclear. Kevin Costner interpreta a Kenny O’Donnell, asesor cercano de John F. Kennedy, funcionando como puente entre el presidente y el aparato político-militar. Bruce Greenwood compone a un Kennedy reflexivo, analítico, obligado a procesar información incompleta mientras enfrenta la presión de sus propios generales, muchos de ellos inclinados hacia una respuesta militar inmediata. Steven Culp, como Robert Kennedy, aporta una voz estratégica que empuja hacia la negociación.

La película se sostiene en discusiones, decisiones y tensiones internas más que en acción directa. Cada reunión es un campo de batalla donde se enfrentan posturas, egos y lecturas del riesgo. No hay certeza, solo escenarios posibles con consecuencias devastadoras. Es fundamental dentro del género político porque muestra el poder en su punto más crítico, cuando gobernar significa elegir entre opciones que pueden cambiar el destino del mundo en cuestión de horas. La Casa Blanca debería reprogramar con urgencia la proyección de esta cinta. 

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