La primera vuelta presidencial dejó una fotografía clara del momento político que atraviesa Colombia que se disputa dos modelos muy distintos de país. Con una participación alta, con el 57,9% del censo electoral y equivalente a 23.978.053 votantes, la gente acudió masivamente a las urnas en una jornada que transcurrió en relativa tranquilidad y que confirmó los pronósticos de las últimas semanas. Como ya se sabe, la segunda vuelta presidencial del próximo 21 de junio será entre el candidato de ultraderecha, Abelardo de la Espriella, y el aspirante del progresismo de izquierda alineado con el partido que actualmente gobierna, Iván Cepeda.
De la Espriella obtuvo el primer lugar con más de 10.3 millones de votos, equivalentes al 43% de la votación total. Su victoria fue inicialmente sorpresiva, frente a lo que las últimas encuestas mostraban. Cepeda lo siguió de cerca con más de 9,6 millones de votos y un 40% de respaldo electoral. La diferencia entre ambos fue menor a la esperada por algunos sectores políticos y marcó una disputa que se definirá en menos de un mes.
A pocos días de la elección final, las campañas se están reacomodando, reforzando su estrategia en Internet y buscando nuevos apoyos sea directa o indirectamente. Por ejemplo, la gran derrotada de la jornada, Paloma Valencia, ahora hace parte de la campaña de Abelardo, como también lo está el expresidente Álvaro Uribe. Valencia que no solo quedó por fuera de la segunda vuelta, sino que obtuvo menos votos de los que había conseguido durante la consulta interpartidista de marzo (3,2 millones de votos y en esta ocasión apenas superó los 1,6 millones), ahora está buscando acercamientos que ayuden a la campaña de su previo contendor. El resultado del 7% obtenido por la que era la candidata del uribismo refleja el traslado de buena parte del electorado de derecha hacia la candidatura de De la Espriella durante las últimas semanas de campaña, algo que se esperaba en segunda vuelta, pero que fue evidente desde esta primera jornada y que se acerca al techo electoral de ese espectro político.
Como reveló el preconteo de la Registraduría, en cuarto lugar apareció Sergio Fajardo. Aunque logró superar la votación obtenida en 2022 y alcanzó cerca de 1,1 millones de votos, el resultado confirmó las dificultades del autodenominado “centro político” para consolidarse como una alternativa competitiva. Su porcentaje apenas superó el umbral electoral y más abajo quedó Claudia López, cuya candidatura terminó con apenas 223 mil votos, menos del 1% de la votación total. Juntos, sin embargo, ya son buscados directamente por los sectores que apoyan a Cepeda, e incluso Paloma Valencia volvió a intentar un acercamiento con Sergio Fajardo.
El resultado histórico para la izquierda
Aunque terminó en segundo lugar, Iván Cepeda alcanzó un resultado sin precedentes para la izquierda colombiana. Sus más de 9,5 millones de votos lo convierten en el candidato presidencial de izquierda más votado en la historia del país, superando incluso la votación obtenida por Gustavo Petro en la primera vuelta de 2022.
Más allá de la cifra absoluta, la elección confirma una transformación política de largo alcance en el país, pues por primera vez una fuerza de izquierda tiene una bancada robusta en el Congreso y además logra consolidar una identidad política reconocida abiertamente por millones de ciudadanos que durante décadas no podían asumir públicamente. En términos porcentuales, Cepeda obtuvo el 40,9% de los votos, un poco más del resultado alcanzado por Petro en la primera vuelta presidencial de hace cuatro años.
Sin embargo, los retos de Cepeda se hicieron evidentes al analizar que Bogotá, por ejemplo, aunque le dio la victoria, se esperaba que fuera más contundente en la diferencia con de La Espriella. Algo similar pasó con la costa Caribe, donde ganó el líder de izquierda, pero donde obtuvo menos votos que Petro en la elección anterior.
Las críticas a su estrategia comunicativa y de alianzas en la campaña han mostrado que el remezón de la primera vuelta, donde el mensaje se concentraba en ganar directamente en esa fecha, necesita una transformación para acercarse a los votantes dudosos. Las bases de su movimiento social también se han pronunciado en los días posteriores a la votación, organizadas en un intento de apoyo reforzado.
El alcance impulsado por la derecha
El crecimiento electoral de Abelardo fue significativo. El aumento de votantes se concentró especialmente en la Costa Caribe, Santanderes y en Antioquia, regiones donde De la Espriella construyó buena parte de su ventaja. Este comportamiento sugiere que el candidato de ultraderecha logró movilizar nuevos sectores del electorado y capitalizar el voto de rechazo al gobierno de Gustavo Petro. Además, los votos de colombianos en Estados Unidos fueron contundentes. De hecho, el presidente Donald Trump y representantes del partido Republicano ya formalizaron su respaldo a ese candidato, quien recibió con beneplácito la noticia, mientras el presidente Gustavo Petro rechazó la interferencia en política por parte de naciones extranjeras.
En todo caso, la baja votación de Paloma Valencia parece confirmar que una parte significativa del electorado uribista ya había migrado hacia la candidatura de De la Espriella antes de la elección. Además, sus ataques permanentes contra la candidata del Centro Democrático e intensificados durante la recta final de la campaña coincidieron con un proceso de concentración del voto de derecha alrededor de su figura que le dieron resultados esperados para más adelante, pero que consolidan el voto de derecha del país. Ahora la derecha unificada en torno a Abelardo espera mantener el ritmo de subida.
Denuncias de la izquierda por irregularidades en los E-14
Tras conocerse los resultados preliminares, sectores cercanos al gobierno como el mismo presidente Petro y a la campaña de Iván Cepeda expresaron dudas sobre el preconteo electoral. Tanto el candidato como dirigentes aliados señalaron inicialmente que esperarían los resultados definitivos del escrutinio antes de hacer una valoración final, algo que fue cuestionado por algunos analistas y periodistas como Daniel Coronell, quien presentó que las denuncias de fraude no han sido respaldadas con pruebas concluyentes más allá de una investigación poco clara de la Secretaría de Transparencia de la Presidencia de la República. Algunas versiones apuntan, según Coronell, a presuntas irregularidades detectadas en 251 mesas de votación ubicadas en Bogotá, Medellín y Orlando, Florida. Sin embargo, la información disponible no ha sido presentada de manera detallada ni ha permitido establecer el alcance real de las inconsistencias. Iván Cepeda posteriormente matizó sus declaraciones y dijo que sus equipos no han encontrado pruebas del posible fraude.
Los reportes de la Misión de Observación Electoral indicaron que el proceso transcurrió de manera general conforme a los procedimientos establecidos. Según los informes conocidos, más del 80% de los formularios E-14 fueron diligenciados sin tachaduras ni correcciones. Aunque persisten desafíos relacionados con la supervisión y el control de algunas etapas del proceso, los hallazgos disponibles apuntan a un funcionamiento adecuado de la jornada electoral.
El martes 2 de junio, la Registraduría Nacional informó que el escrutinio de las elecciones presidenciales alcanzó un avance del 99,98%, con apenas 33 mesas pendientes de revisar de las más de 122.000 instaladas en todo el país. Según la entidad, los retrasos obedecen a dificultades climáticas que han impedido el traslado de material electoral en algunas zonas. Además, destacó que el preconteo divulgado la noche de la elección registró una coincidencia del 99,94% con los resultados del escrutinio, lo que mostraría que las variaciones fueron mínimas.
Lo que viene para segunda vuelta
Concluida la primera vuelta, la atención se concentra ahora en los movimientos políticos de lado y lado. La campaña de Iván Cepeda y los sectores sociales que la respaldan ya extendieron invitaciones hacia los sectores de centro buscando a Sergio Fajardo, Claudia López y hasta a Juan Daniel Oviedo, que era fórmula de Paloma Valencia.
Desde el entorno de Cepeda buscan construir un “Gran Acuerdo Nacional” que incorpore sectores ajenos a la izquierda tradicional y amplíe la base de apoyos para enfrentar la segunda vuelta, así que se espera que al menos esas conversaciones tengan lugar. Tanto López como Fajardo y Oviedo han criticado abiertamente el opaco perfil y la ética del candidato de ultraderecha.
Por otro lado, Abelardo de la Espriella desde su discurso del domingo optó por profundizar el tono de confrontación. Tras conocerse los resultados lanzó duras críticas tanto contra Gustavo Petro como contra Iván Cepeda y mantuvo una narrativa centrada en la lucha contra los que llama “los de siempre”, que serían los partidos políticos tradicionales, versus “los de nunca” a los que se adscribe. Es esta narrativa la que le ha permitido consolidar una identidad política propia como “outsider”, un aparente ajeno a los cargos de poder. Aun así, es sabido que desde antes de conocerse los resultados, partidos como Cambio Radical y varios políticos desobedientes de su partido han dado su apoyo a la campaña.
Varios sectores políticos de derecha que habían acompañado a Paloma Valencia ya están con De la Espriella. Aunque el candidato ha tratado de posicionar la idea de ser un ajeno a la política, en sus filas ya estaban sectores tradicionales como los de Cambio Radical y varios políticos de otros partidos afines que ahora liberados tras la derrota de Valencia hacen campaña con tranquilidad con el objetivo declarado de combatir lo que la excandidata califica como “neocomunismo”. Lo que parece aglutinar a la base de esta campaña no es otra cosa que el rechazo al petrismo. Aunque la figura de Abelardo inevitablemente genera cuestionamientos éticos y hasta legales, apela a que esto sea más fuerte que los temores que genera él mismo.
Cepeda, por su parte, necesita convencer a un sector al que no le ha hablado lo suficiente. Centrado hasta ahora en las bases “naturales” de la izquierda, Iván Cepeda necesita alianzas y estrategias que lo acerquen a otros votantes. Desde esta orilla seguramente buscará posicionar los riesgos de un gobierno de ultraderecha al que ha llamado fascista por sus posturas radicales y militaristas. La apuesta entonces sigue la línea de un pensamiento protector de derechos de las poblaciones y territorios históricamente discriminados. Durante las próximas semanas, Colombia decidirá cuál de esas dos ideas de país se impondrá en las urnas.
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