Cuando Otto Binder y Al Plastino crearon a Supergirl en 1959, nació bajo una lógica muy simple. Si Superman era un éxito, también podría existir una versión femenina del Hombre de Acero. Durante décadas, Kara Zor-El vivió bajo esa sombra. Incluso cuando protagonizaba sus propias historias, seguía siendo “la prima de Superman”.
El cine tampoco le hizo demasiados favores. La Supergirl de Helen Slater, estrenada en 1984 como derivación de las películas de Christopher Reeve, fue recibida con frialdad por la crítica y el público. Sin embargo, con el paso de los años terminó encontrando una segunda vida entre los aficionados, que supieron apreciar una película imperfecta pero sincera.
Décadas después, Melissa Benoist convirtió a Kara en una figura querida para toda una generación gracias a una serie que tuvo altibajos, pero que comprendió algo fundamental y es que Supergirl funciona mejor cuando deja de intentar ser tan solo la versión femenina Superman.
Más recientemente apareció la actriz de ascendencia colombiana Sasha Calle en la infravalorada The Flash. Su interpretación de Supergirl fue feroz, melancólica y prometedora. Lamentablemente quedó atrapada en el derrumbe definitivo del universo de Zack Snyder y nunca tuvo la oportunidad de desarrollarse más allá de aquella película. Ahora llega Milly Alcock para reconstruir al personaje y, probablemente, ofrecer la versión cinematográfica más completa del personaje hasta la fecha.
La decisión más astuta de James Gunn fue tomar como base Supergirl: Woman of Tomorrow, la extraordinaria miniserie escrita por Tom King e ilustrada por Bilquis Evely. Allí encontró algo que no había aparecido en pantalla y es a una Kara marcada por haber visto desaparecer su mundo, criada entre ruinas y mucho menos idealista que su primo Clark Kent. La película conserva ese espíritu.
Kara celebra su cumpleaños viajando por la galaxia y embriagándose de bar en bar, cuando se cruza con Ruthye Marye Knoll, una joven alienígena interpretada por Eve Ridley (la voz de Wendy Wolf en Peppa Pig). La muchacha busca a Krem, el líder de una banda de piratas espaciales y traficantes de mujeres jóvenes. Ruthye quiere justicia. Supergirl tiene sus propias razones para encontrarlo. A partir de ahí comienza una persecución que atraviesa planetas, transportes espaciales muy parecidos a los nuestros y rincones olvidados de la galaxia con soles rojos, amarillos y verdes.
Craig Gillespie, el director de la maravillosa deconstrucción de la villana de los 101 dálmatas conocida como Cruella, entiende muy bien la naturaleza del material. En lugar de construir otra historia sobre salvar el mundo, filma una mezcla entre True Grit, el clásico western protagonizado por John Wayne (y magistralmente actualizado por los hermanos Coen con Jeff Bridges), y Furiosa, ese estupendo spin off de Mad Max: Fury Road con una de las antiheroínas más memorables del cine ciberpunk. Es así como la relación entre Kara y Ruthye tiene que ver con una joven obstinada que lleva a una guerrera cansada a involucrarse en una causa que preferiría evitar.
Milly Alcock (House of the Dragon), resulta fundamental para que todo funcione. Su Supergirl está lejos de la inocencia luminosa que caracteriza a Superman. Es impulsiva, sarcástica, temperamental y toma decisiones cuestionables. No intenta ser un modelo moral. Tampoco quiere serlo. Alcock consigue que esa personalidad funcione sin convertirla en una superheroína cínica y oscura al estilo del universo de Snyder. Kara conserva empatía, humor y humanidad, incluso cuando parece empeñada en ocultarlas.
Habrá quienes la rechacen desde el primer minuto. No porque la película falle, sino porque esta Kara Zor-El no fue diseñada para satisfacer la mirada de quienes todavía creen que los personajes femeninos deben demostrar su poder a través de la hipersexualización.
Esta Supergirl es más áspera que su primo. Bebe, orina, vomita, le suena el estómago, se equivoca, pelea, se enfurece, a veces es desagradable, toma malas decisiones y atraviesa la galaxia cubierta de polvo y sangre. No está interesada en ser un póster ni una “Barbie superhéroe”, ni tampoco en mostrar su escote o sus muslos. Y eso bastará para que algunos de esos “eternos guardianes del canon”, aquellos hombres inmaduros que probablemente todavía viven con su madre y que llevan años confundiendo machismo con nostalgia, declaren que “esa no es su Supergirl”, lo cual es absolutamente cierto. Esta Supergirl no utiliza su cuerpo para imponerse, no está construida como una figura decorativa o una fantasía masculina y tampoco pide permiso para ocupar el centro de la historia.
El contraste con David Corenswet es especialmente interesante. Sí señores, Superman aparece en la película y la interacción entre ambos deja claro que James Gunn tiene una comprensión muy precisa de estos personajes. Clark representa la fe y la estabilidad. Kara representa la duda y el movimiento. Mientras Superman protege la Tierra, Supergirl pertenece al espacio. Y qué bueno que sea así.
Durante años los cómics han insistido en llevar a Superman por toda la galaxia para enfrentarlo a amenazas cósmicas. Esta película demuestra que esas aventuras funcionan mucho mejor con Kara. Hay algo natural en verla recorrer mundos extraños, encontrarse con civilizaciones imposibles y enfrentarse a criaturas que parecen salidas de una vieja portada de ciencia ficción de los años setenta (los amantes de Star Wars y de la ciencia ficción espacial más aventurera encontrarán aquí mucho material para disfrutar).
También funciona muy bien el actor belga Matthias Schoenaerts como Krem. No necesita discursos grandilocuentes ni motivaciones filosóficas para convertirse en un villano eficaz. Es cruel, oportunista, amoral y despreciable. Cada vez que aparece en pantalla queda claro por qué los protagonistas están dispuestos a atravesar media galaxia para encontrarlo.
Ahora bien, después de años interpretando una versión de Aquaman que nunca encontró una identidad clara en tres películas taquilleras pero horripilantes, Momoa parece haber llegado al personaje para el que nació. Su Lobo, el cazarrecompensas espacial de los cómics de DC, es exactamente lo que esperaban los lectores de los cómics: excesivo, arrogante, divertido, peligroso y completamente impredecible. Cada escena suya posee gracia y energía, dejando ganas de más. Si DC estaba buscando una excusa para producir una película de Lobo, aquí la encontró.
Y luego está Krypto. El Supercan ya había conquistado al público en Superman y vuelve a hacerlo aquí. Los fanáticos de Streaky quizá lamenten la ausencia del famoso gato kryptoniano, pero Krypto compensa cualquier ausencia con una combinación perfecta de ternura, caos y destrucción accidental.
La fotografía y el diseño de producción cumplen su función, aunque rara vez generan imágenes memorables. La banda sonora alterna entre una partitura bastante convencional y una selección de canciones pop que en algunos momentos funciona muy bien y en otros parece provenir de una película distinta. Los efectos visuales también son irregulares. Hay secuencias de combate extraordinarias y otras donde el acabado digital resulta menos convincente. Pero nada de eso termina hundiendo la película, porque Gillespie nunca pierde el control del ritmo. La historia avanza con seguridad, los personajes tienen objetivos claros y la aventura mantiene el interés durante todo el recorrido.
Quizás el mayor error sea acercarse a Supergirl esperando encontrar la próxima The Dark Knight, el equivalente de DC a Captain America: Civil War o una epopeya monumental como la que Zack Snyder intentó construir durante años, pero que nunca logró. Supergirl no juega en esa liga y tampoco pretende hacerlo.
Estamos ante una película de superhéroes que abraza sin complejos su condición de cómic. Hay alienígenas, perros con superpoderes, mercenarios intergalácticos que hablan inglés, piratas espaciales y planetas imposibles. James Gunn no intenta justificar ninguno de esos elementos ni pedir disculpas por ellos. Los presenta con absoluta naturalidad y espera que el espectador entre en el juego.
La recompensa es una aventura tremendamente entretenida que confirma algo importante: después de la serie animada Creature Commandos y su Superman, el nuevo universo DC vuelve a acertar, porque Supergirl no intenta demostrar que las películas de superhéroes provenientes de los cómics pueden ser otra cosa. Simplemente recuerda por qué nos gustan en primer lugar.
Tres proyectos. Tres aciertos. Esperemos a ver qué sucede con Clayface, la cinta basada en el villano de Batman y un arriesgado coqueteo con el cine de terror. Pero si este es el camino que seguirá el universo cinematográfico y televisivo de DC, el futuro luce bastante prometedor.
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