Atreverse a expresar lo que sentimos, incluso en los momentos más oscuros, nunca es sencillo. Hay quienes encuentran en las palabras un refugio; otros, en cambio, levantan una fachada por miedo a que su verdadero yo salga a la luz. Ninguna de las dos posturas es correcta o incorrecta: forman parte de la experiencia humana. Al final, todos somos una obra en proceso.
Pero ningún proceso de transformación ocurre completamente en soledad. Hace falta rodearse de personas capaces de sostenernos cuando las dudas aparecen, de impulsarnos cuando el camino se vuelve incierto y de recordarnos quiénes somos cuando nosotros mismos lo olvidamos. En ese recorrido inevitablemente surgen cuestionamientos, descubrimientos, verdades incómodas y momentos en los que necesitamos apoyarnos en los demás para seguir adelante.
Cuando ese proceso encuentra un lugar donde existir, termina convirtiéndose en una especie de diario: una bitácora que registra las emociones, las heridas, los aprendizajes y todo aquello que quienes la construyeron decidieron dejar en ella. Algo así ocurrió con Marlon.
Con Hipersensible, Jorge, Adrián y Juan emprendieron un viaje de regreso hacia sí mismos. Entre retiros en Francia y Madrid, y la necesidad de detener el ruido para escucharse con mayor claridad, el trío asturiano construyó un álbum que reflexiona sobre lo que significa sentirse vulnerable en un mundo que parece exigir cada vez más máscaras. También habla del vértigo de comenzar de nuevo, de la importancia de aceptar nuestras propias contradicciones y de la valentía que implica mostrarse tal como uno es.
En conversación con ROLLING STONE en Español, Marlon reflexiona sobre el origen de Hipersensible, el ruido de las redes sociales y ese momento en el que, como ellos mismos descubrieron, solo es posible verse con claridad cuando uno se detiene.
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Escuchando Hipersensible tuve la sensación de estar leyendo una especie de diario de viaje. No solo el de una banda, sino el de personas que intentan reencontrarse con partes de sí mismas que a veces se pierden por el camino. Cuando miran el álbum completo, ¿sienten que documenta ese reencuentro?
Jorge: Totalmente. Fue la primera vez que tuvimos la suerte de parar, tomar distancia y frenar un poco el ritmo tan vertiginoso que llevábamos. Eso nos permitió pensar mejor las cosas, trabajar las canciones con calma, crear un concepto y darle a todo el proyecto el cariño que sentíamos que merecía.
Desde que empezamos a trabajar en estas nuevas canciones nos dimos cuenta de que estábamos muy conectados entre nosotros y atravesando un momento vital bastante parecido. Al final, el disco nos sirvió casi como una terapia para descubrir qué era lo que realmente nos preocupaba, para desnudarnos más que nunca y hablar de todas esas cosas que sabes que están ahí, pero que muchas veces no eres capaz de ver con claridad porque estás demasiado metido en la rueda. Creo que ese viaje fue exactamente eso: alejarnos de la velocidad y del ruido para volver a conectar con nosotros mismos, con la música y con las canciones. Queríamos mostrarnos más auténticos que nunca, sin filtros ni corazas.
También se fueron a Francia. Leí que se encerraron en una casa para escribir y que fue una experiencia muy importante para ustedes, ¿cómo fue convivir de esa manera? ¿Qué les dejó esa experiencia?
Juan: Nosotros llevamos bastante más de tres meses acumulados viviendo juntos. De hecho, creo que nos conocemos casi mejor que a nosotros mismos. Todo este disco nació buscando precisamente esos espacios en los que pudiéramos estar solos, conectados entre nosotros y alejados del exceso de estímulos. Hicimos varias escapadas aquí en España, nos fuimos a casas en la montaña y allí compusimos gran parte del álbum. Cuando terminamos las canciones, nos apetecía grabarlas de la misma manera, en una inmersión total. Entonces surgió la oportunidad de ir a un estudio increíble en Francia, al sur de Toulouse. Para nosotros, que amamos la música, los instrumentos y todo ese universo, fue un auténtico lujo. Estuvimos casi quince días encerrados allí, completamente enfocados en el disco. Nos funciona muy bien esa forma de trabajar y la disfrutamos muchísimo.
Se nota en el álbum… Hay una frase de ‘Háblales’ que me hizo pensar en todas esas batallas internas que muchas veces nadie ve. Iniciar algo nuevo, arriesgarse o simplemente seguir adelante suele venir acompañado de miedo, dudas y vértigo. ¿Sintieron algo parecido durante la creación de este álbum?
Adrián: Sí, totalmente. Como decía Jorge, creo que hay un antes y un después con este álbum. Veníamos haciendo canciones quizá en piloto automático. Aquí hubo un parón, una reflexión mucho más profunda sobre lo que queríamos hacer, y creo que eso se nota cuando escuchas las canciones. Están escritas desde un lugar distinto. Todo está mucho más cuidado, más trabajado y más mimado.
Además, este disco llegó en un momento en el que lo necesitábamos. Fue una especie de salvavidas, un flotador al que nos agarramos los tres. Veníamos cansados y de repente este proyecto nos volvió a conectar. Eso era exactamente lo que buscábamos: hacer un trabajo conjunto, fortalecernos como banda y salir renovados con estas canciones.
En el video de ‘Háblales’ hay una imagen que llama mucho la atención: la de caminar por las calles. Es una canción que conecta especialmente con quienes viven lejos de casa, con esa sensación de estar construyendo algo mientras se carga con la nostalgia y las dudas propias. Muchas veces, desde afuera, se ven los logros, pero uno sigue enfocándose en lo que falta o en lo que podría haber hecho mejor. ¿Por qué creen que cuesta tanto reconocer nuestros propios logros y darnos crédito por las cosas que hemos hecho bien?
Juan: Porque hoy en día todo te empuja a compararte constantemente. Los estándares de lo que significa “hacer las cosas bien” suelen estar asociados a una perfección que probablemente ni siquiera exista. Entonces siempre sientes que estás lejos de alcanzarla. Cuesta darte esa medalla a ti mismo. Y la parte complicada es que muchas veces asociamos el éxito o el fracaso a la validación externa, a la opinión pública y a lo que los demás piensan de lo que haces. Pero creo que la única manera de crear algo puro y genuino es estar bien contigo mismo. También hay que aprender a darse una palmada en la espalda de vez en cuando y reconocer que has hecho las cosas bien. Al final, el tiempo termina poniendo todo en su lugar.
Me parece fascinante la idea de ‘De mudanza’ porque mudarse no siempre implica cambiar de lugar; a veces significa cambiar la forma en que nos vemos a nosotros mismos. La frase: “volvamos a arriesgarnos”, es hazlo incluso cuando no existe ninguna garantía. ¿Qué estaban dejando atrás y qué esperaban encontrar cuando escribieron esta canción?
Adrián: Creo que estábamos dejando atrás muchas cosas que, en realidad, no éramos nosotros. Queríamos mudarnos de piel y enseñar nuestra verdadera personalidad. A veces este mundo no te permite ser tú al cien por ciento. No sabría decir exactamente por qué, pero ocurre. También buscas el éxito, sería mentira decir que no. No hacemos música únicamente para nosotros; también la hacemos para vivir de ella y poder seguir haciéndola. Lo que queríamos cambiar era esa piel que teníamos antes. Siempre hemos sido nosotros mismos, pero quizá no nos mostrábamos tan auténticamente como queríamos. No sé si era por miedo o porque hay algo que, sin darte cuenta, te frena.
Con este disco quisimos hacer lo que realmente nos salía de forma natural. Incluso creo que es un álbum que podríamos haber intentado hacer hace años, pero probablemente no habríamos estado preparados para permitirnos hacerlo. Antes teníamos que recorrer un camino para poder llegar a esta mudanza y empezar a mostrarnos como somos de verdad. Y también está lo que decía Juan: aprender a darte una palmada en la espalda de vez en cuando. Entender que, más allá de los miedos y de la validación externa, hay cosas que hacemos bien.
Parece que las cosas solo valen cuando las respalda una gran masa de gente, pero creo que nuestro caso es diferente. Quizá nunca seamos una banda de multitudes gigantescas, pero sí una banda capaz de seguir haciendo música durante muchos años, haciendo cosas que nos llenen y que sean honestas.
La autoaceptación no suele ser un destino al que llegamos una vez y ya está; es una conversación que mantenemos con nosotros mismos durante toda la vida. En ‘Hachiko’ hay algo de eso. ¿En qué momento sintieron que querían hablar de esas inseguridades?
Juan: Surgió de manera bastante natural y también por necesidad. Antes, Adrián hablaba del disco como un salvavidas, y creo que tiene mucho que ver con eso. Durante los últimos años trabajamos con una fórmula que, a nivel personal, ya no terminaba de satisfacernos. Sentíamos que no estábamos llevando el barco exactamente hacia donde queríamos, entonces hubo un ejercicio de toma de conciencia. Decidimos conducirlo nosotros al cien por ciento, con todos los riesgos que eso implica. Pero al final es la única manera de sentirte realmente alineado con las canciones que haces. Si no, se pierde algo por el camino.
Jorge: Ese mensaje se refuerza mucho cuando observas el álbum como un todo. Todas las canciones están relacionadas entre sí. Son distintos momentos de un mismo viaje, distintas etapas de esa terapia o de ese proceso de autodescubrimiento. ‘Hachiko’ refleja precisamente ese momento en el que te das cuenta de que las transformaciones importantes no terminan cuando eres joven. Nosotros empezamos siendo unos chavales y, desde entonces, hemos cambiado muchísimo. Hemos crecido juntos, han cambiado nuestras percepciones sobre muchas cosas y hemos evolucionado como personas. Por eso creo que es tan importante reevaluarte, redescubrirte y aceptarte. Entender en qué punto estás, sentirte cómodo contigo mismo, quererte y seguir estando presente para poder seguir avanzando. La canción habla un poco de eso: de decir “yo soy así, me quiero y quiero mostrarme al mundo tal como soy”, sin ataduras ni máscaras.
Adrián: A medida que te haces mayor también te conoces más. Cuando eres joven piensas que ya sabes quién eres, pero creo que te pasas la vida entera descubriéndote. Cada año aprendes algo nuevo sobre ti mismo, entiendes mejor lo que quieres y cómo eres. Además, cuando empiezas en algo como esto, muchas veces te construyes una especie de disfraz. Una máscara para protegerte. Un escudo. Y es muy difícil mostrarse completamente natural todo el tiempo. Pero los años te van quitando inseguridades y te dan una confianza distinta. Empiezas a pensar: “Yo soy así”. Cosas que antes te daba vergüenza enseñar dejan de dártela. Creo que es un proceso por el que pasamos todos. Forma parte de crecer, de atravesar etapas y de conocernos mejor. Y sí, de eso habla mucho este disco. Podría llamarse Hipersensible, pero también podría llamarse “autoterapia”.
Vi una frase en sus redes que decía: “Todos hemos sido Hachiko alguna vez”. Si quieren compartirlo, ¿cuál ha sido su momento ‘Hachiko’?
Adrián: Creo que tiene más que ver con una sensación que con un momento concreto. Nosotros llevamos la idea de ‘Hachiko’ hacia ese proceso de conocernos mejor y atrevernos a mostrarnos. De ir quitándonos capas, como una cebolla, y enseñar cada vez más quiénes somos realmente. Para mí ese es el verdadero momento ‘Hachiko’. No recuerdo uno específico. Es más bien un proceso constante de descubrirte, perder el miedo y salir ahí fuera dejando que la gente te vea tal y como eres.
Es interesante porque muchas veces esperamos que nuestra parte más auténtica aparezca de repente y nos diga: “Aquí estoy, hazme caso”.
Adrián: Claro. O incluso lo que los demás esperan de ti. Al final estás detrás de una pantalla, haces canciones o te subes a un escenario, y la gente construye una idea sobre quién eres. Piensan: “Vale, este es el artista, pero ¿cómo será cuando se baje del escenario? ¿Cómo será cuando me lo cruce por la calle?” Y eso genera una sensación extraña. Porque no sabes exactamente qué esperan de ti ni en qué lugar te han colocado.
A veces te preguntas: “Si me cruzo con alguien por la calle, ¿tengo que ser el Adri que está sobre el escenario o el Adri que está fuera de él? ¿Deberían ser la misma persona?” Y entonces aparecen las dudas “¿le va a gustar lo que hay debajo de todo esto o solo le va a gustar lo que ve arriba? ¿Le va a decepcionar quien soy cuando no estoy cantando?”. Esa es una parte difícil de vivir en este oficio.
Hay algo muy valiente en la honestidad, porque una vez decides decir la verdad ya no hay forma de volver atrás. Mientras construían este álbum, ¿hubo algún momento en el que sintieron que estaban entrando en un terreno de honestidad brutal?
Juan: Sí, totalmente. Hubo varios momentos así. Recuerdo especialmente cuando trabajábamos en ‘Hipersensible’, la canción que da nombre al disco. Estábamos en una de las casas donde empezamos a maquetar las canciones y ya teníamos más o menos clara la estructura. De repente sentimos que habíamos encontrado algo. Fue uno de esos momentos en los que pensamos: “Creo que estamos entrando en el terreno que queríamos explorar. Este es el lugar en el que nos sentimos cómodos y por aquí tenemos que seguir excavando para terminar el disco”.
‘Princesas y principitos’ me llamó mucho la atención por cómo cuestiona ciertas ideas que nos venden sobre el amor, el éxito o incluso la felicidad. ¿La canción nace de preguntarse si realmente estamos viviendo nuestras propias vidas o simplemente intentando encajar en historias que otros escribieron para nosotros?
Adrián: Bueno, lo has descrito bastante bien.
Juan: Yo creo que tiene mucho que ver con las expectativas y con esa necesidad que muchas veces nos montamos en la cabeza de que las cosas deberían ser de una determinada manera. Existe una especie de idea normativa sobre cómo debería ser la vida, qué deberías conseguir y qué deberías hacer. Y eso hace mucho daño. A lo largo de nuestra carrera hemos vivido cosas increíbles y, aun así, por culpa de las expectativas, muchas veces cuando consigues algo ya estás pensando en el siguiente peldaño. En lugar de detenerte y valorar todo el camino que has recorrido para llegar a un lugar que, en realidad, es increíble, ya estás mirando lo que viene después. Y eso es complicado.
Sí, totalmente. Justo veía hace poco a un chico en un video decir que somos personas complejas, que nos gustan muchas cosas distintas y que, sin embargo, intentamos proyectarnos en redes sociales de una forma completamente lineal. Cuando en realidad no somos así. A veces parece que olvidamos lo importante que es salir al mundo y permitir que la gente nos conozca de verdad…
Adrián: Sí. Creo que estamos viviendo un momento de muy poca transparencia. Hay mucho filtro, mucha apariencia y una necesidad constante de parecer mejor de lo que uno es. Da la sensación de que la gente viaja a lugares únicamente para hacerse una foto allí y demostrar que estuvo, no necesariamente para disfrutar la experiencia. Parece que muchas veces hacemos las cosas para que los demás nos pongan una nota o validen nuestra vida. Y entonces todo el mundo parece feliz. Todo el mundo parece tener dinero. Todo el mundo parece estar disfrutando constantemente. Todo el mundo parece vivir sin problemas. Pero la realidad es otra. Todos cargamos con algo por dentro. Es muy difícil encontrar a alguien que no tenga problemas o preocupaciones.
Creo que hemos construido un mundo muy artificial, muy virtual y lleno de apariencias. Y es difícil vivir dentro de eso. A veces parece un lugar vacío, de plástico. Un espacio donde cuesta encontrar algo auténtico. Por eso, cuando encuentras a alguien que te parece de verdad, alguien que sientes genuino, te apetece aferrarte a esa persona y no soltarla. Supongo que esta canción nace un poco como un grito contra todo eso, contra las apariencias, contra la necesidad de vivir para los demás, y a favor de mirar la vida sin filtros, con todas sus contradicciones y con toda su verdad.
A nosotros nos cuesta bastante convivir con este momento tan dominado por las redes sociales. Quizá también porque pertenecemos a una generación diferente y nos cuesta identificarnos con ciertas dinámicas. A mí, por ejemplo, me cuesta mucho abrir Instagram. Es algo que me genera rechazo, me enfada, no me parece real… Siento que hay demasiada mentira y creo que precisamente por eso necesitábamos hacer canciones como estas.
‘Los domingos’ me llamó mucho la atención. Siento que, en nuestras culturas, el domingo es casi un día sagrado. Está lleno de tradiciones, de familia, de rutinas que rara vez se rompen. Es un día para volver a uno mismo. ¿Qué representa ese día para ustedes y qué historia hay detrás de esta canción?
Juan: Creo que ‘Los domingos’ también habla de esos domingos difíciles. Para nosotros, los domingos suelen significar volver a casa después de muchos días de conciertos, carretera, furgoneta y muchísimo estímulo. Son esos momentos en los que, de repente, te encuentras solo, sin tanto ruido alrededor. Y ahí la cabeza empieza a funcionar de otra manera. Empiezas a pensar más, a hacerte preguntas, a reflexionar. Son días que tienen una intensidad especial. En nuestro caso, por el tipo de vida que llevamos, todavía más.
Claro. Incluso desde pequeños el domingo tenía algo de nostalgia. Era el: “mañana vuelvo a la escuela…”
Juan: Sí, totalmente.
Adrián: Y si lo llevamos al terreno del amor, que creo que es donde vive esta canción, los domingos siempre han sido esos días para estar con tu pareja, para echarla de menos o incluso para llorarla. Es el día previo al lunes, antes de volver a la rutina, al trabajo y al ritmo de siempre. Los domingos son para recordar, para extrañar y para sentir. Si te ha dejado alguien, creo que el domingo puede convertirse en el peor día de la semana. Porque el lunes vuelves a activarte, te distraes y empiezas a pensar en otras cosas. Pero el domingo estás ahí, en casa, con tiempo para darte cuenta de todo lo que falta. Pienso en esa imagen de estar solo en el sofá y notar que ya no está esa persona que antes ocupaba ese espacio contigo. Por eso la canción tiene algo tan nostálgico. Y por eso la frase “los domingos hacen daño sin ti” tiene tanto sentido. Porque cuando compartías todos tus domingos con alguien, aprender a vivirlos sin esa persona es muy difícil.
Me parece muy significativo que el álbum cierre con ‘Duele’. Es una canción que habla de aceptar que, aunque algo pueda parecer perfecto desde fuera, por dentro la realidad puede ser muy distinta. ¿Cómo fue enfrentarse emocionalmente a esta canción? ¿Y por qué sintieron que debía cerrar Hipersensible?
Juan: Fue una decisión totalmente consciente. Si pensamos el disco como un viaje, ‘Duele’ representa el momento de mirar hacia atrás y hacer balance. Es la canción en la que entiendes que el camino a veces duele, que puede ser largo y complicado, pero también que vas a seguir recorriéndolo porque es lo que amas hacer. Al final habla de persistir, incluso cuando las cosas se ponen difíciles. Cuando solo tienes una carta en la vida, juegas esa carta hasta el final. Y nosotros sentimos que eso era exactamente lo que representaba esta canción.
Adrián: También creo que es un dolor bonito. Puede doler, sí, pero sigue siendo un buen dolor. Porque viene de hacer algo que quieres y en lo que crees.
Finalmente, si pudieran convertir Hipersensible en una fotografía o en un cuadro, ¿cómo se vería esa imagen?
Juan: Yo la imagino llena de aire. Cuando empezamos a trabajar en este disco hablábamos mucho de conceptos como el oxígeno, el espacio y la necesidad de respirar. Necesitábamos simplicidad. Sentíamos que todo estaba demasiado cargado y que hacía falta volver a lo esencial. Para mí, Hipersensible es un balón de oxígeno.
Adrián: Yo haría una radiografía de un ser humano. Una imagen en la que pudieras verlo todo por dentro. Sin esconder nada. Transparente. Como si pudieras observar cada parte de una persona, incluso aquellas que normalmente permanecen ocultas.
Jorge: Creo que, de alguna manera, la portada del disco ya contiene mucho de ese espíritu. Habla de la contradicción entre la velocidad a la que sucede todo y la necesidad de detenerse para entender quién eres. Nosotros descubrimos que solo puedes verte con claridad cuando paras. Cuando tomas distancia. Cuando observas las cosas desde fuera. Por eso me gusta mucho la imagen de alguien quieto mientras todo a su alrededor sigue moviéndose. Porque refleja exactamente el proceso que vivimos haciendo este disco: sentirte atrapado en una rueda que gira constantemente y descubrir que, cuando te detienes, quizás todo siga borroso alrededor, pero por fin eres capaz de verte a ti mismo con claridad.
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