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“Lo único más poderoso que el odio es el amor”: Lo que dejó el show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl

La confirmación de Bad Bunny como artista principal del show de medio tiempo del Super Bowl no pasó desapercibida. Desde su anuncio, la decisión abrió un intenso debate en el público estadounidense: mientras algunos la interpretaron como un avance en la visibilidad de la cultura latina en espacios históricamente dominados por narrativas anglosajonas, otros reaccionaron con rechazo, particularmente desde sectores vinculados al trumpismo y al movimiento MAGA. Las críticas se apoyaron en la idea de que un artista que cantaría mayoritariamente en español no debía ocupar el escenario del evento deportivo más importante del país, pasando por alto que Benito es ciudadano estadounidense.

Lejos de retroceder ante la controversia, la NFL sostuvo su respaldo al artista puertorriqueño y apostó por una presentación que llegaba cargada de expectativas. Recién consagrado como uno de los grandes ganadores de los Grammy 2026 y en el punto más alto de su carrera, Bad Bunny enfrentó el reto de convertir la polémica en espectáculo frente a una audiencia planetaria.

La presentación abrió con un “Que rico es ser latino”, seguido de un plano general en el que se ve a un grupo de jíbaros trabajando en el campo mientras se escucha de fondo el intro de ‘Tití me preguntó’, y se lee en español “Benito Antonio Martínez Ocasio presenta el espectáculo de medio tiempo del Súper Tazón”. 

Así, tenemos el primer vistazo a Bad Bunny, quien está en medio de ese campo vestido completamente de blanco, luciendo un conjunto monocromático diseñado por la marca española Zara, que combina una camiseta deportiva con su apellido, Ocasio, y el número 64, acompañado de camisa, corbata y sus propias zapatillas, las BadBo 1.0, en colaboración con Adidas. 

La primera canción, como anticipa la introducción, fue ‘Tití me preguntó’. Mientras interpretaba el tema, Bad Bunny recorrió la plantación recreada en el escenario, cargando un balón de fútbol americano y cruzándose con varios símbolos de la cultura popular latina: un puesto de coco frío, un salón de uñas, abuelos jugando dominó y vendedores ambulantes con tragos de distintos países. El trayecto culminó con una propuesta de matrimonio, cerrando así el primer acto del espectáculo.

La siguiente canción fue ‘Yo perreo sola’, que Benito cantó sobre la icónica casita que lo ha acompañado durante toda su gira mundial. En escena aparecieron otras figuras latinas como Karol G, Pedro Pascal y Young Miko, mientras el ganador del Grammy a Álbum del Año proclamaba: “Las mujeres en el mundo entero, perreando sin miedo”. El tema se mezcló con dos de los momentos más esperados del show: ‘Safaera’ y ‘Yo voy a llevarte pa’ PR’, transición en la que incluso se coló un breve fragmento de ‘Party’.

En medio de la interpretación, el espectáculo dio un giro inesperado cuando el techo de la casita se rompió y Bad Bunny cayó en lo que parecía una reunión familiar. Al salir, se escuchó un mix que rindió homenaje a algunos de los grandes referentes no solo del reguetón, sino de la música latina en general, con voces de Tego Calderón, Don Omar y Daddy Yankee. De allí se pasó a ‘EoO’, la canción que ganó el Grammy a Mejor Interpretación de Música Global. “Estás escuchando música de Puerto Rico, de los barrios y de los caseríos”, dijo Bad Bunny mientras subía a una camioneta ubicada en el centro de la puesta en escena.

Con la aparición en pantalla de Concho, la mascota de Debí tirar más fotos, comenzó a sonar la introducción de ‘Monaco’. Fue entonces cuando Benito se presentó formalmente ante el público: “Buenas tardes, California. Mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio, y si hoy estoy aquí en el Super Bowl LX es porque nunca dejé de creer en mí. Y tú también deberías creer en ti: vales más de lo que piensas, créeme”. Con ese mensaje, cerró el segundo capítulo del show.

Ahora nos situamos en la boda de los novios con los que Badbo se cruzó en la primera parte del show, escenario que además trajo a la primera invitada de la noche: Lady Gaga. Durante la semana se hizo viral su encuentro en los Grammy, pero casi nadie pudo prever que ambos estaban tramando algo. Gaga, quien vestía un elegante vestido azul cielo, interpretó ‘Die With a Smile’ en una versión salsa, acompañada por Los Sobrinos de Puerto Rico. Al terminar la interpretación apareció Bad Bunny, quien proclamó: “Mientras uno esté vivo, uno debe amar lo más que pueda”, dando paso a otro de sus grandes éxitos, ‘Baile inolvidable’.

La boda funcionó como una clara representación de una fiesta latina: muchos invitados, desde niños hasta abuelos, e incluso un pequeño dormido entre dos sillas en medio de la parranda por el casamiento. “Baila sin miedo, ama sin miedo”, dijo Benito antes de que comenzaran los acordes de ‘Nuevayol’. Para este punto, los bailarines se tomaron todo el escenario, moviéndose al ritmo de la salsa y el reguetón. En medio de la canción aparece una familia observando la imagen que recorrió el mundo durante los últimos días: Benito recibiendo el Grammy a Álbum del Año. Entonces, el cantante le entregó el gramófono dorado al niño de la familia.

Varios medios afirmaron que el niño era Liam Conejo Ramos, el pequeño de cinco años que en enero fue detenido junto a su padre por agentes de ICE. Sin embargo, The Hollywood Reporter fue el primer medio en desmentir esta información. Las teorías de los internautas apuntan más a que se trata de un guiño a la infancia del cantante, y que en ese gesto —pequeño pero poderoso— Bad Bunny le entrega su Grammy a su “yo” niño, marcando uno de los momentos más emotivos de la velada.

Tras acabar la canción llegó el otro invitado sorpresa de la noche: Ricky Martin, quien junto al cuatrista José Eduardo Santana cantó ‘Lo que le pasó a Hawaii’, tema que hace referencia a la colonización, turistificación y desplazamiento de los nativos hawaianos tras la anexión por parte de Estados Unidos en 1898. Un detalle interesante es que Martin estaba en un escenario que hacía referencia a la portada de Debí tirar más fotos, sentado en una de las sillas blancas de plástico.

La interpretación se vio interrumpida por un cortocircuito en unos postes de luz, de los que salió Benito con la bandera de Puerto Rico en la mano para comenzar a cantar El apagón, una clara protesta a la crisis energética, los cortes de luz constantes, la privatización de la energía y la gentrificación en Puerto Rico. Subido a uno de esos postes, Bad Bunny comenzó a interpretar una versión electrónica de ‘Café con Ron’, mientras el escenario ya estaba completamente tomado por todos los bailarines del show. Fue justo ahí cuando llegó uno de los momentos más importantes de la noche: un grupo de bailarines comenzó a salir con las banderas de los países de América, un acto que Bad Bunny acompañó diciendo el clásico “God bless America”, pero con una variación significativa, comenzando a enumerar uno por uno todos los países que componen el continente.

Al finalizar de nombrar los países, mostró un mensaje de unión escrito en el balón con el que comenzó su show que rezaba en inglés: “Together we are America”, un claro mensaje a Estados Unidos de que América es todo un continente, no un solo país, para después cerrar el espectáculo con ‘DTmF’ junto a todo el equipo del show y con un mensaje en las pantalla gigantes del estadio: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”.

La presentación, sin embargo, no estuvo exenta de reacciones encontradas. El presidente Donald Trump calificó el show como “absolutamente terrible, uno de los peores de la historia”, escribió en sus redes sociales, argumentando que “no tiene sentido”, que era “una afrenta a la grandeza de Estados Unidos” y que “nadie entiende una palabra de lo que este tipo está diciendo”, criticando incluso los elementos visuales y coreográficos del espectáculo. “El baile es repugnante, especialmente para los niños que están mirando en todo Estados Unidos y todo el mundo” dijo el mandatario, para quien seguramente es mucho mejor encerrar niños en jaulas y separarlos de sus familias antes de ponerlos a escuchar reggaetón y bailar música latina.

Más allá de las críticas, el show de medio tiempo de Bad Bunny en el Super Bowl LX fue una declaración de identidad cultural y de reivindicación en uno de los escenarios más visibles del planeta. Entre símbolos de la vida cotidiana caribeña, homenajes a tradiciones musicales latinas, gestos de unión continental y mensajes explícitos sobre historia y pertenencia, el artista transformó una plataforma global en un espacio de inclusión y diálogo. Al cerrar con una frase que unió ritmos, lenguas y banderas, el espectáculo se consolidó no solo como un acto musical más, sino como una celebración de lo que es ser latino y de lo orgullosos que debemos estar de eso.

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