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Verónica Restrepo: El arte de vestir emociones

‘Hay que saberle pedir a Dios’, dice entre risas la diseñadora colombiana Verónica Restrepo al intentar resumir el camino que la llevó a convertirse en una de las figuras más reconocidas de la moda nupcial masculina en Colombia.

Su historia no comenzó en una gran casa de moda, ni en un atelier heredado, ni siquiera con el sueño infantil de convertirse en diseñadora. Empezó, en cambio, después de un divorcio, mientras priorizaba la crianza de sus dos hijas pequeñas y contemplaba la idea de regresar a Bogotá sin contactos, sin certezas y con una intuición clara: quería construir algo propio, algo profundamente personalizado para cada cliente.

Quince años después de tomar esa decisión, Restrepo se consolidó como uno de los nombres más importantes de la sastrería masculina colombiana. Sus diseños han llegado a los Latin Grammy y han vestido a figuras como Jorge Enrique Abello, Santiago Cruz y Andrés Cepeda. Sin embargo, nada parece entusiasmarla tanto como hablar de un novio nervioso minutos antes de entrar al altar.

‘A mí no me interesa vender solamente un traje’, explica. ‘Lo que quiero es que el cliente se sienta seguro, empoderado, feliz. Más que vender telas o conjuntos, me gusta vender confianza, seguridad y memorias’.

Ese vínculo emocional fue precisamente el que terminó convirtiéndola en ‘la reina de los novios’, un apodo que, admite, al principio le parecía extraño. ‘Suena raro, pero me encanta. Porque realmente me apasiona. Que alguien confíe en mí para uno de los momentos más importantes de su vida me da una satisfacción enorme’.

Antes de la marca 

Antes de consolidarse como empresaria, Restrepo estudió diseño de moda en el Savannah College of Art and Design, en Atlanta, mientras criaba a sus dos hijas. Más adelante se especializó en consultoría de imagen en el Istituto Marangoni, en París, donde descubrió otra de sus grandes pasiones: entender la relación entre la ropa y la identidad. Fue allí donde comprendió que no quería dedicarse a la producción masiva ni a una moda despersonalizada.

‘Yo no quería diseñar algo y nunca saber quién lo iba a usar. Quería conocer la historia de la persona, entender qué quería proyectar, cómo se sentía y qué momento estaba viviendo’, recuerda. Paradójicamente, nunca imaginó que terminaría dedicándose a la moda masculina. Durante sus años de estudio y en sus primeras colecciones, su enfoque estaba dirigido exclusivamente a la ropa femenina. Todo cambió cuando recibió una invitación para participar en la Bogotá Fashion Week. La única condición era presentar una línea masculina y femenina.

Ella solo tenía lista su colección de mujer, que además había sido su proyecto de grado. Aun así, decidió asumir el reto. ‘La colección femenina me tomó nueve meses. La masculina la hice en tres semanas’, recuerda.


‘Me dijeron: “Tu colección de mujer es muy buena, pero la de hombre es brutal”’.


Fue entonces cuando varios de sus profesores, en la universidad de la que acababa de graduarse, insistieron en que había algo particular en su aproximación a la moda masculina: una capacidad poco común para crear piezas creativas y sofisticadas sin perder el sentido de masculinidad. Después vendría Bogotá.

‘No sabía qué iba a hacer, pero sí sabía que quería crear algo mío’.

Tras ese inesperado debut en la pasarela, Restrepo regresó a Colombia con más incertidumbre que certezas. Sin embargo, la repercusión que había generado su trabajo comenzó a abrirle puertas rápidamente. Una empresaria le facilitó el ingreso al circuito de la moda masculina colombiana y un sastre que conoció en ese proceso terminaría convirtiéndose, años más tarde, en el jefe de taller de su marca.

Aunque el panorama parecía prometedor, ella todavía sentía frustración. Vendía ropa masculina, realizaba asesorías de imagen y diseñaba camisas y chaquetas, pero no encontraba propósito en perseguir clientes ni en convencer a alguien de comprar un traje nuevo.

De rentar smokings a crear armaduras emocionales

Con un pequeño préstamo de su madre, decidió confeccionar smokings para alquiler. Para promocionarlos comenzó a acercarse al universo nupcial: visitaba hoteles, clubes, salones de eventos y tiendas de vestidos de novia. ‘Ni siquiera se me pasaba por la mente hacer trajes de novio’, admite. Pero el interés ya estaba ahí. 

Entonces empezó a estudiar obsesivamente protocolo, etiqueta y ceremonial masculino. Aprendió sobre horarios, códigos de vestimenta, tipos de boda, telas apropiadas para distintos climas y siluetas ideales para cada cuerpo y, poco a poco, descubrió que podía convertir la asesoría de imagen en algo profundamente emocional. Tanto, que primer traje de novio que diseñó fue para su cuñado.


‘Cuando los veo felices digo: “Esta es la respuesta a todas mis oraciones”’.


Desde entonces, Restrepo entendió que los novios llegaban a ella buscando algo mucho más profundo que una necesidad estética. Lo que buscaban era seguridad. Tanto así, que uno de sus clientes se lo confesó tiempo después: ‘Me dijo: “Tú no me vendiste un traje. Tú me vendiste seguridad. Yo no me considero un hombre guapo, pero el día de mi boda sentí que llevaba puesto un traje de superhéroe”’.

Con ese propósito en mente, su carrera continuó creciendo impulsada por el voz a voz y una serie de encuentros improbables. Uno de los más decisivos fue el que tuvo con Jorge Enrique Abello, protagonista de Yo soy Betty, la fea.

Restrepo soñaba con que él se convirtiera en la imagen de su marca, aunque en ese momento no tenía los recursos para contratarlo. Cuando finalmente se conocieron, le habló con honestidad y le confesó que solo podía ofrecerle ropa a cambio de difusión. La respuesta de Jorge Enrique Abello terminó marcándola para siempre: ‘Me dijo: “El talento hay que apoyarlo cuando apenas está empezando”’.

Jorge Enrique Abello aceptó convertirse en la imagen de la marca sin cobrarle un solo peso. Tiempo después, cuando el actor se casó, también le confió a Restrepo el diseño de su traje de novio. ‘Para mí fue algo profundamente significativo. Porque en este trabajo uno vende una promesa. El traje todavía no existe. Lo que el cliente compra es confianza’.

Esa confianza terminó llevando sus diseños a escenarios que alguna vez parecieron impensables: los Latin Grammy Awards, giras musicales, alfombras rojas y futbolistas de la Colombia national football team. También a artistas que ella admiraba mucho antes de dedicarse a la moda.

‘Todo vibra desde el amor: la manera de trabajar, de atender, de diseñar, de tratar al equipo y a los clientes, de acompañar a alguien en un momento importante. Yo siento muchísimo amor alrededor de lo que hago. Al final, eso es lo que permanece’.

Lo dice convencida de que la ropa puede transformar algo más profundo que la apariencia. Que un traje puede convertirse en una armadura emocional. Que vestir bien también puede ser una forma de sanar inseguridades. Y quizá ahí reside el verdadero secreto detrás de Verónica Restrepo.

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